Se que te extraño, se que no me extrañas. En este tiempo sin tiempo el recuerdo permanece inmóvil, a veces, a pesar mío; en esos momentos siento tu voz recorrer mis adentros que hacen eco en mis oídos. No busco tu sonrisa, ya no, en realidad ya no busco nada de ti, porque el olvido se dibuja ente los dos, la marcada distancia nos gana, las interminables horas de agonía sin vernos también nos gana. Ya no soy la de ayer, es más, ya no se quién soy, me has cambiado, me has transformando con tus manos cual escultor de mi destino y en ese afán de encontrarme busco mi rastro en la interminable quietud de la espera, pero es en vano, no lo encuentro.

         Quizás seguiré extrañándote, quizás para entonces me habrás olvidado, y yo seguiré transformada y olvidada. No busco tus pasos, ya no, en realidad ya no busco nada de ti.

 

Señorita olvidada.